Hay una voz dentro de mí que no puedo reconocer ni asociar con alguien que haya conocido antes; siempre parece que la oigo por primera vez. Puede ser mi intuición, lo que otros llaman el yo interno, pero el sonido es tan diferente a cualquier otro que conozco que todas las opciones que he pensado quedan descartadas.

Pero esta voz sigue hablándome, me dices cosas que no entiendo, aunque me habla en el mismo idioma. He decido ignorarla a pesar de que está presente constantemente. Esta tarde voy a encontrarme con ella y su compañero espiritual. Ella me ha dicho que una sesión de reiki es lo que necesito en este momento. Es sábado, voy en camino.

Algunas cosas han sucedido en mi vida recientemente y siento que parte importante de quien soy se ha perdido durante este tiempo. He decidido seguir adelante tal cual como estoy y esperar que las cosas se acomoden eventualmente.

He llegado a su casa, ambos me están esperando, puedo sentir la belleza de su energía, ellos siempre irradian paz y están dispuestos a ayudar con las mejores intenciones. Nos dirigimos a un cuarto que no conocía antes, hay suficiente luz del día que entra a través de las ventanas, las cortinas son blancas y ligeras. También hay música relajante y un sentimiento de paz y tranquilidad sobrecogedor. Me acuesto en la mesa de masajes que han preparado y empezamos la sesión que tanto había esperado. Sin embargo, 10 minutos después interrumpen la sesión y me sientan, ella me dice que erróneamente entendió el mensaje que había recibido anteriormente, cuando me había hablado de participar en esta sesión de reiki. Ella y su compañero recibieron esta vez el mensaje con total claridad que decía que yo estaba destinado a ser uno de ellos. Inmediatamente me ofrecieron la posibilidad de aprender y practicar reiki. Empecé al siguiente día; era un domingo.

Han pasado ya más de 21 años desde que me convertí en maestro de reiki. Desde entonces he recorrido caminos que solo unos pocos han recorrido, lleno de experiencias increíbles e inolvidables, y por esto, soy el ser más agradecido con la vida.

Finalmente, en algún momento dejé de ignorar esa extraña voz y descubrí que era una comunicación directa entre el Universo y yo. Desde entonces, hablamos todos los días…

Gracias, Amanda, mi maestra de reiki y mentora.


Fernando Victoria

Maestro Reiki